
El sistema capitalista nos impone la ideología del ocupacionalismo perpetuo: "Manténganse activos sin cesar o serán considerados mediocres". Plataformas digitales como Instagram y TikTok estigmatizan el descanso como un signo de fracaso personal. El proletariado moderno se ve despojado no solo de su fuerza de trabajo, sino de su capacidad para la reflexión y el ocio. El tiempo deja de ser sólo tiempo para convertirse en un medio o mercancía que puede ser explotada por los monopolios.
Y esto no sólo nos lleva a un cansancio físico, sino también mental. La Organización Mundial de la Salud registra tasas alarmantes de ansiedad y depresión entre personas menores de 30 años, mientras que, en México, datos del INEGI revelan que más del 70% de millennials y generación Z experimenta agotamiento crónico.
El capitalismo nos impone que todo, genere valor de cambio, como nuestros hobbies, amistades, hasta el duelo. Pero no todo lo que hacemos debe monetizarse, tejer en comunidad, caminar sin rumbo o leer por placer son resistencias, reclamando el tiempo que nos roban, y no como medio para acumular.
Pero entonces, ¿quienes disfrutan de su tiempo?
La burguesía y las élites capitalistas disfrutan del tiempo libre que nos roban a los proletarios, convirtiéndolo en privilegio de clase. Mientras el 57% de los habitantes de CDMX carece de tiempo libre por sobrecarga laboral, la clase dominante obtiene ocio con la plusvalía extraída de nuestro sudor. El proletariado vende su vida entera por salario mínimo, mientras la burguesía acumula riqueza.
Movimientos como la reforma de las 40 horas semanales ganan terreno en México como respuesta a la explotación capitalista. Sin embargo, la falta de tiempo no solo es explotación laboral directa, sino también espacial, las ciudades no están diseñadas realmente para las personas, sino para venderse o ser atractivas, pero no son realmente funcionales en su mayoría. Se les da prioridad a los autos sobre los peatones y el transporte público, por lo cual la mayoría de los trabajadores recorren grandes distancias de su casa a su trabajo, de hasta mas de 2 horas en algunos casos añadiendo el factor del tráfico.
Es necesario estas consientes de las desigualdades sociales que existen respecto al tiempo, “Todos tenemos las mismas 24 horas”, pero no todos tenemos que caminar largas distancias para tomar un camión, que recorre distancias igual de largas y tardadas, no todos tenemos un coche que nos lleve al trabajo, o el trabajo a la vuelta de la esquina, no todos tenemos el privilegio de trabajar menos de 8, 10, o hasta 12 horas.