Este 20 de abril, se cumplen veinte años del asesinato de Mario Alberto Castillo Rodríguez y Héctor Álvarez Gómez, mineros de la Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas a manos de las fuerzas federales.
El 17 de abril de 2006, Julio César Villarreal Guajardo (presidente de grupo Villacero y dueño de SICARTSA en ese entonces) solicitó la ayuda al expresidente Vicente Fox Quesada para recuperar instalaciones de la siderúrgica, tomada por los mineros de ese entonces desde el 02 de abril de ese año.
El día 20 a las seis de la mañana, elementos de la policía ingresaron a las instalaciones de la siderúrgica para desalojar a los mineros. A las 7 am un contingente de 940 efectivos de distintas compañías se posicionó frente al “Corral de los venados” en una de las avenidas de SICARTSA, frente a la puerta 2; en respuesta, un grupo de mineros se acerca tratando de detenerlo tirando pedradas como única defensa y en respuesta, los federales usan gas lacrimógeno, dando por comenzado el enfrentamiento. Resultado del gas lacrimógeno, varios mineros resultaron intoxicados, siendo estos ayudados por los pequeños comerciantes de puestos aledaños a la zona, quienes les ofrecieron resguardo, agua y bebidas gaseosas para ayudar a mitigar los efectos.
Las avenidas Constitución de 1917, Rector Hidalgo y Francisco J. Múgica fueron los principales lugares en donde ocurrió el enfrentamiento, en donde cerraron comercios y se desalojó a la población de la zona. Obreros ingresaron a avisar a los demás trabajadores de lo ocurrido para pedir refuerzos, y trabajadores salieron con equipo de seguridad propio de su oficio.
A las 9 de la mañana llegaron los refuerzos obreros con palos, piedras y varillas para replegar a los federales hacia el interior de la planta hasta donde llegaron.
El saldo de este enfrentamiento fueron los dos mineros previamente mencionados, más 41 lesionados de los cuáles dos fueron de gravedad. Las fuerzas policiales no solo usaron gas lacrimógeno, si no que dieron tiros al aire, a su vez como utilizaron un helicóptero para tirar desde el aire, mientras que los obreros se defendieron con palos, piedras, cocteles molotov improvisados y maquinaria pesada propia de la fábrica, con la que replegaron a los mineros.
Este hecho demuestra la necesidad de la unidad obrera, ya que este suceso denota la solidaridad entre trabajadores (muchos de los cuáles dejaron sus puestos para ayudar a los mineros), mientras que el gobierno solo velaba por las pérdidas financieras que suponía la huelga minera.
