Desde sus orígenes, Guadalajara y sus zonas aledañas han padecido una planeación urbana deficiente, orientada principalmente a los intereses de la burguesía, lo que ha marginado históricamente a la clase proletaria, que se termina convirtiendo en víctima constante de decisiones que privilegian la rentabilidad económica sobre el bienestar colectivo. El hablar de mala urbanización nos aterriza a la vulneración de varios de derechos, ya que existe una correlación transversal de esta con la implementación de garantías por parte del estado para el cumplimiento de los derechos.
Ejemplos claros de estas consecuencias se vivió el 22 de abril de 1992, cuando ocurrieron explosiones en distintas colonias de Guadalajara, y más recientemente el caso de El Salto y la contaminación del río Santiago evidencia cómo las decisiones de desarrollo y expansión han generado graves impactos ambientales y sociales.
Estos incidentes no deben entenderse como hechos aislados o meramente accidentales, sino como el resultado directo de políticas y prácticas conscientes que priorizan los intereses económicos de las élites urbanas, relegando a la clase proletaria y negándole el acceso pleno a derechos básicos que le permitan vivir de manera digna. Asimismo, las consecuencias de esta deficiente planeación urbana no se limitan a problemáticas de salud o a catástrofes visibles, sino que también son observables con el acceso a otros derechos, el largos traslados de horas para llegar al trabajo o a la escuela, las constantes inundaciones y la necesidad de desplazarse a las periferias para poder acceder a una vivienda digna evidencian las fallas estructurales de este modelo de desarrollo urbano.
Para resolver esta situación de forma adecuada, es necesaria la intervención de la clase proletaria en la planeación de la ciudad, ya que son quienes realmente la viven y desarrollan, mientras la burguesía busca mercantilizar todo —incluyendo derechos que son necesidades básicas fundamentales—, la solución de raíz exige un cambio estructural. Si queremos resolver problemáticas como el transporte público ineficiente, las inundaciones, el acceso a servicios y la vivienda digna, debemos atacar el origen del problema. ¡Proletarios, unámonos para construir la ciudad que realmente merecemos!
Para resolver esta situación de forma adecuada, es necesaria la intervención de la clase proletaria en la planeación de la ciudad, ya que son quienes realmente la viven y desarrollan, mientras la burguesía busca mercantilizar todo —incluyendo derechos que son necesidades básicas fundamentales—, la solución de raíz exige un cambio estructural. Si queremos resolver problemáticas como el transporte público ineficiente, las inundaciones, el acceso a servicios y la vivienda digna, debemos atacar el origen del problema. ¡Proletarios, unámonos para construir la ciudad que realmente merecemos!
